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Localización: Una Necesidad en Tiempos de Incertidumbre

En un mundo donde las crisis humanitarias (producto de la naturaleza o de los conflictos) son cada vez más complejas y los fondos para el desarrollo se ven limitados, la "localización" ha dejado de ser una buena intención para pasar a ser una necesidad imperativa para el futuro de la asistencia y la cooperación internacional. Su principio rector es simple pero profundo: hacer que la acción humanitaria y las iniciativas de desarrollo sean "lo más local e intencionalmente posibles". Este enfoque, que se ha venido impulsando desde hace varios años, ha intentado redefinir las dinámicas del poder, fomentando asociaciones más equitativas, garantizando la inclusión efectiva de los actores locales en la toma de decisiones, invirtiendo en el fortalecimiento de sus capacidades institucionales y, crucialmente, aumentando su acceso directo al financiamiento. El objetivo de la localización ha sido lograr una respuesta de mayor calidad, impacto y sostenibilidad, reconociendo las fortalezas únicas de quienes están permanentemente en el terreno.

 

El impulso para este cambio sistémico fue iniciado principalmente de los propios actores locales y nacionales (ONG y Asociaciones de la Sociedad Civil), quienes han cuestionado durante décadas las inequidades del sistema y han abogado incansablemente por un cambio. Estos esfuerzos, junto con los de actores progresistas dentro de ONG internacionales, agencias de la ONU y donantes, culminaron en el Gran Pacto de 2016, donde la comunidad internacional se comprometió formalmente con la agenda de localización. A pesar de estos compromisos, la estrategia enfrenta una paradoja financiera. El objetivo de canalizar el 25% de la financiación humanitaria directamente a los actores locales está lejos de alcanzarse, con cifras que apenas superaban el 3.1% en 2020. Esta falta de fondos directos y de calidad representa una de las barreras prácticas más significativas, ya que limita la capacidad de las ONG y las OSC locales a asumir roles de liderazgo y coordinación. Sin embargo, es precisamente el contexto de recursos limitados y una creciente brecha entre las necesidades humanitarias y los fondos disponibles —que supera los 15 mil millones de dólares— lo que convierte a la localización en una necesidad estratégica urgente.

 

A pesar de los desafíos, hay señales claras que demuestran un cierto nivel de avance. La presencia de local en los mecanismos de coordinación humanitaria ha aumentado gradualmente en los últimos años. Cada vez más, las organizaciones locales ocupan asientos en los Equipos Humanitarios de País y participan en la coordinación de grupos temáticos, a menudo sirviendo como " iniciativas pilotos" que anima a otros a seguir su ejemplo.

 

En un panorama global de fondos decrecientes y crisis superpuestas, podríamos preguntarnos si podemos permitirnos continuar con esta agenda. La verdadera pregunta es: ¿podemos permitirnos no hacerlo? Fortalecer la capacidad local no es solo una estrategia inteligente; es una necesidad imperiosa. Los actores locales no solo garantizan una respuesta más rápida, culturalmente apropiada y con mayor acceso a las comunidades afectadas, sino que también son más costo-efectivos. En un entorno de austeridad, invertir en quienes ya están en la primera línea, que conocen el contexto y que permanecerán mucho después de que la atención internacional se desvanezca, no es un gasto, es la inversión más inteligente que podemos hacer. Financiar, fortalecer y confiar en los actores locales es invertir en un futuro con respuestas más justas, eficientes y sostenibles.


 
 
 

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